Más allá de la muerte de Néstor K o seis trajes "auténticos" y un disfraz
Después del “Rocazo” que fue, creo, mi ultimo año de residencia en la Ciudad de General Roca, al menos mi último año significativo en esa ciudad, mi año de fuerte militancia secundaria, peronista, pero anárquica a la vez o sea sin ligazón partidaria de tipo orgánica; lo que no me impidió, siendo casi un niño participar activamente en esa memorable rebelión popular. Resistir en esas calles, cuando al hijo de Agustín Fernández le cegaban su vida, a media cuadra de Tucumán por Buenos Aires tipo diez de la noche, no? Estuvimos a dos cuadras unas horas antes y volvimos al otro día a la mañana, cuando trajimos flores y lágrimas, para depositar alrededor de la gran mancha de sangre que había quedado.
No recuerdo si fue antes del episodio trágico y asesino, con el que las balas del ejército se llevaron la vida de Fernández, que hizo su entrada a la ciudad la comitiva de Requeijo, en una caravana de limusinas negras y blindadas, por la Avenida 9 de Julio y miles que lo esperábamos sobre las vías del Ferrocarril lo apedreamos hasta que nos dolieron los brazos. Después vino el asesinato de Bustos en la CGT de Cipolletti. Al hijo de Agustín Fernández una bala de FAL le arrancó parte de su cuello y a Bustos una bala similar de otro FAL entraba por uno de sus ojos llevándose su vida. Siete micros repletos viajamos a Cipolletti al velatorio de Bustos y nos cobramos el dolor y la ira incendiando el local del PPR.
Con el asesinato de Bustos y Fernández el ejército argentino preanunciaba su posicionamiento, ante el avance popular, que coronaría con el golpe de marzo de 1976.
Mi experiencia y anclaje en los sentimientos populares profundos hacia la experiencia peronista no fueron un obstáculo para entender la naturaleza “burguesa” de la experiencia justicialista y sus límites. Nadie podría negar (ni siquiera un liberal educado) que las “ciencias de la sociedad” inauguradas por el “Materialismo Histórico” constituyen herramientas de análisis insustituibles, junto a las cuales la ‘teoría del Justicialismo’ no representa más que una experiencia de prosaica pobreza, pero que ha calado en lo mas hondo de los sentimientos y el imaginario popular. El peronismo cortó de raíz la ligazón de clase de los trabajadores argentinos con las experiencias anarquistas, “comunistas” y socialistas (es una verdad histórica que para la época del peronismo no quedaba, en el PC, nada de lo que Lenin y Trotsky habían llamado Partido Comunista). Entonces, y esta es la cuestión central del presente artículo ¿Cómo debiera abordarse la relación de la izquierda, que se declara heredera de experiencias y programas revolucionarios socialistas, con el peronismo?...
Mucha gente está sorprendida con el fenómeno del kirchnerismo, es gente que no percibía la formación del fenómeno y de repente lo tiene ante sus ojos y se sorprende. Cómo no sorprenderse con tamaña demostración de sentimientos e ideas, cómo no sorprenderse con un desfile interminable de dolor, esperanzas y sueños alrededor de un hombre.
Hay otras gentes, los compañeros de izquierda (fundamentalmente las direcciones) que no se sorprenden, ni perciben. No se permiten sorprenderse, ni percibir… El fenómeno “no lo ven”, no lo registran. “Registran” a su protagonista y el modo cómo lo registran es sorprendente, que ‘vale la pena’, detenerse a observar:
He recorrido los periódicos de todos los partidos de izquierda y en ninguno pude leer algún esfuerzo por explicar el impresionante fenómeno de masas que desató Néstor Kirchner. Es imposible encontrar esfuerzo alguno, porque para que haya esfuerzo en esa dirección tiene que estar precedido por un sentimiento, convicción de su valor y en la izquierda se parte del presupuesto que todo el kirchnerismo carece de valor. ¿Qué es el kirchnerismo para las direcciones de izquierda? Veamos: Un personal político hecho y derecho burgués (MAS) que viene a “derrotar las fuerzas sociales que la rebelión popular puso en marcha en el 2001”.
“Es la continuidad del modelo anterior (MST) y las medidas que tomó, las tomó por necesidad y no por convicción” (…) “mantuvo una estrecha relación con el poder financiero y las patotas sindicales”. El kirchnerismo se encuentra en medio de una “inmensa debilidad debido a la pérdida de base social”, producto de las “mentiras del INDEC e inmovilizar a la CTA”.
Un caso de enajenación extrema lo constituye Jorge Altamira del Partido Obrero. Para Altamira (y la de Altamira no es una opinión en rueda de compañeros, sino un escrito en la Prensa central partidaria) Néstor Kirchner podría haber muerto producto de las tensiones que le habría provocado su actuación como articulador de políticas que llevan al crimen de Mariano Ferreyra. En un odioso juego de prestidigitación Altamira quiere poner la muerte de Mariano sobre la muerte de Kirchner. Al margen de todo lo loable que haya sido la vida y militancia de Mariano (experiencia que desconozco) resulta incomparable a la máxima expresión que tuvo en Néstor Kirchner la salida populista en la Argentina que involucra a millones. En cambio toda la frescura de la militancia de Mariano estuvo al servicio, en última instancia, de una pequeña camarilla que ha usado sin miramientos la práctica stalinista para mantenerse en el estrecho circulo de su poder.
Es sorprendente! Es sorprendente! El marxismo es una ciencia, es la ciencia por excelencia de la sociedad contemporánea. Pregunto ¿Se puede hacer ciencia (cualesquiera sea ésta. Mucho más histórica/sociológica) sin un espíritu sensible ante los fenómenos, en este caso sociales? ¿Podrá alguien decir que la muerte de Kirchner no pone en evidencia un fenómeno extraordinario?.
He citado en un artículo anterior fragmentos de la elogiosa carta que a nombre de la 1º Internacional Carlos Marx enviara a Abraham Lincoln: “honrado hijo de la clase obrera” le dice Marx en la carta al presidente de los EEUU. Lincoln, y Marx lo sabía, no era de la clase obrera e incluso tampoco era hijo de familia proletaria, sino hacendada; por qué debió expresarse Marx de esa manera. Descartamos todo gesto de posible lenguaje diplomático en Marx; quien conozca mínimamente la moral y los modos de Marx hará lo mismo. Sólo a un estrechísimo pensamiento mecanicista le puede resultar incomprensible la definición de Marx. Los peronistas tienen una marcha en la que definen a Perón como “el primer trabajador”. Todos sabemos que Perón jamás fue un trabajador, pero de alguna manera los peronistas tienen razón y a nadie se le ocurriría quitarles ese derecho. De Lenin dieron los rusos definiciones similares, y todos sabemos que tampoco Vladimir Ulianov pasó por el ‘mundo del trabajo’ (así es la naturaleza dialéctica de la vida: identidades distintas que se trocan las unas en las otras bajo la fuerza constante de las tendencias; pero para pequeños cuadro de ‘dirección’ interesados más en la caja partidaria y el escaso reclutamiento de militantes, este movimiento real, sobrepasa su esquema de percepción y reflexión).
Marx definía a Lincoln por el lugar que éste ocupaba en la correlación de fuerzas que se establecía entre América y Europa a causa del problema de la esclavitud y la repercusión de ese desenlace, que Marx pudo prever, para la clase obrera de Europa. En la liza del periodo histórico Lincoln se colocaba objetivamente (sobre todo en su segundo mandato) del lado de los intereses libertarios de los esclavos y favorecía con su posicionamiento las demandas de la clase obrera ante las monarquías feudales y la naciente burguesía. El agudo pensamiento de Marx le permitió asociar las más diversas fuerzas en función de la emancipación esclava y el desarrollo organizativo de la clase obrera. Es imposible esperar de las direcciones de izquierda actual una estatura política como la que sintetizamos en Marx.
Volvamos al ‘ninguneado’ Néstor Kirchner. Los primeros en ‘ningunear’ al ex presidente pertenecen a la derecha más recalcitrante, los exponentes del tilinguismo oligárquico y los grandes medios concentrados de comunicación: todos fueron muy intuitivos y serios (menos la izquierda) al caracterizar al kirchnerismo, en percibir su lado volcado decididamente hacia las clases populares y de ahí el odio encarnizado con que han reaccionado, odio que también se percibe en algunos progres que no se bancan la entrada en escena de los “cabecitas negras” que obviamente comprenden un tejido inevitablemente ligado a los sectores degradados (la burocracia sindical, el clientelismo, etc.). Pero a Néstor Kirchner no lo atacan porque tenga vínculos con el lado enfermo del justicialismo sino porque no descansa en combatir los males que enferman y hunden el lado ‘sano’ de la nación: su pueblo… Esta lucha consumió su vida, afirmó su compañera y presidenta de la nación. En la perspectiva que desarrollamos en esta nota, Cristina Fernández tiene razón. Es ridícula la ‘hipótesis’ de Altamira acerca de que Néstor Kirchner habría muerto producto de la vinculación del ex presidente con la burocracia sindical asesina de Mariano. Altamira juega feo con la muerte del esforzado militante; conozco a Altamira y por ello no creo en su escenificación pública de congoja ante el asesinato de Mariano y menos en su ‘conjura’ que afirmó el ‘compromiso’ de ocupar siempre la calle frente al asesinato de uno de la clase. No le creo y sostengo que es falsa su conjura, porque en el pasado ha tenido otra conducta[1].
No es casual que la ‘gran prensa’ dedique tanta atención a Altamira. O pensará Altamira que están acongojados por la muerte de Mariano; en todo caso la congoja es de la misma naturaleza que la de Altamira, es decir, demagógica y falsa. La misma demagogia barata que muestra Altamira ante la muerte de los chicos de Salta.
De Néstor Kirchner yo diré, emulando a Marx: “honrado hijo de la clase obrera”… “Honrado hijo de las Madres de plaza de Mayo”. La honradez proviene de su posicionamiento histórico, en un momento dramático de la vida de la nación, junto a las clases populares y los trabajadores desafiando todos los obstáculos. Por este posicionamiento millones lo han llorado y por ese posicionamiento de su vida se le perdonan todos los errores y limitaciones a un hombre. La moralina acerca de la ética individual con la que baten el parche los grandes medios sobre el personal político de los países ‘subdesarrollados’ sirve de cortina de humo para ocultar que toda la corrupción junta de todos los políticos profesionales de todos los países del tercer mundo significa menos que un solo año de saqueo de la gran banca internacional y sus multinacionales a las que sirven los grandes medios de comunicación moralistas. Es ignorancia o estupidez creer el verso que nos dice que la corrupción es el mal de los países del tercer mundo.
Es demagogia, también, cuando al evaluar al kirchnerismo se exaltan las virtudes de la JP de los 70 (masividad sin rumbo). El kirchnerismo tiene limitaciones insalvables de clase y deberá pasar por su purgatorio, nadie puede prever en los detalles el desenlace de los acontecimientos, pero para una política científica o sea socialista revolucionaria (el Socialismo será científico o no será, afirmó Marx) no existen, las “consecuencias imprevisibles”[2]: ésta es una tesis de cuño liberal, hija de la premisa positivista que define al conocimiento social o humanístico como pseudociencia e incapaz de predecir. Las consecuencias de una caída de la experiencia kirchnerista (que se diluya en forma indolora es lo menos probable) son muy previsibles: no existe ‘relevo’ revolucionario de la experiencia populista, por lo tanto se abriría el camino para una salida de derecha; no existe ‘relevo’ porque la izquierda ha desaprovechado miserablemente toda la rica experiencia que ofrecieron las colisiones del populismo con lo más rancio del poder político y económico en la Argentina. Para qué Lenin habrá dicho ante el populismo: “Golpear juntos/marchar separados” y Trotsky: “prever es gobernar".
Los seis trajes políticos que usa la mayoría de la izquierda argentina en los nombres de Lenin, Trotsky y Mao no conforman siquiera un buen disfraz.
Colen Grant
Diciembre 14 de 2010.
Este artículo fue escrito con varias interrupciones en mi estancia por Piriápòlis – Buenos Aires y Neuquén
[1] El proceso de mi separación de las filas del Partido Obrero tuvo su origen en mi crítica a la caracterización política dela Dirección y se agravó con mi denuncia de la conducta de la dirección partidaria, representada por Altamira, ante el crimen de un obrero. Me refiero al primer asesinato bajo el régimen constitucional de un obrero en huelga en el año 1995: “Víctor Choque” en las fábricas de Tierra del Fuego. Frente a ese asesinato Altamira disciplinó al PO a la parálisis que impuso la burocracia en general y fundamentalmente la centroizquierdista de la CTA con quienes tenía ilusiones de asociarse. Menos en Neuquén, donde quien suscribe esta nota era parte de la dirección regional partidaria e impulsamos un vigoroso acto público al que se vio obligada a concurrir la burocracia de los sindicatos. ¿Qué hizo Altamira y todo PO (excepción Neuquén) el 12 de abril del 95, día que asesinaron a Víctor Choque o el 13 que era jueves o el 14 o el 15 que era sábado: ¡Nada! Perdón, atacó a la Regional Neuquén de PO acusando al colectivo de dirección de dejarse dirigir por Colen Grant. Tiempo después, ya sin mi presencia en las filas partidarias, Altamira compartió un acto con Julio Fuentes de la CTA Neuquén llamando a tener ilusiones en la burocracia centroizquierdista como vía de salida para los trabajadores (queda para el análisis la conducta ‘comesapos’ de la base militante del PO Neuquén que había combatido, junto a Colen Grant, por más de una década a Julio Fuentes y a toda la burocracia de ATE Neuquén: es increíble comprobar como la práctica stalinista puede inhibir las contradicciones. Pero, tiene sus consecuencias: basta ver cuanta gente enfermó y se alejó de la regional de PO Neuquén).
Colen Grant
Diciembre 14 de 2010.
Este artículo fue escrito con varias interrupciones en mi estancia por Piriápòlis – Buenos Aires y Neuquén
[1] El proceso de mi separación de las filas del Partido Obrero tuvo su origen en mi crítica a la caracterización política de