domingo 30 de marzo de 2008

El Golpe que no Puede Ser

Todo aquel que conozca la historia moderna de la argentina coincidirá conmigo en que a esta altura de los acontecimientos, y en cualquier otro contexto de estos tiempos pasados, ya habría en camino un golpe de estado para ‘sacar de las pestañas’ a Cristina Kischner del gobierno. Por cuánto menos corrieron esta suerte Illia, Frondizi y el mismo Perón…

El curso de la historia, que no pasa en vano, puso en crisis a los gendarmes financieros y militares del orden imperial mundial. Por ello los yankees ‘se tienen que comer el sapo’ del ‘Grupo Río’ en el conflicto Colombia / Ecuador, y también el corralito a su embajador. Porque convengamos, es la primera vez en la historia argentina que un gobierno constitucional orientado ideológicamente en un nacional populismo, puede con los medios institucionales poner coto a los acaparadores para mantener el precio de la carne, el pan o los servicios, como la luz y el gas y rechazar las presiones del Fondo Monetario Internacional. Vale recordar que el padre de la democracia moderna – Maximiliano Robespierre – pudo mantener el precio del pan sólo con el recurso a la guillotina. No son las virtudes, ni mucho menos las ‘cualidades revolucionarias’ de Evo, Chávez o el peronismo K las que determinan la ecuación – como la presión fiscal a la aristocracia terrateniente - sino la situación política internacional; la que da para más, para mucho más, lástima que no contemos con organizaciones ni líderes del calibre que la situación reclama, pero aparecerán, como siempre ocurrió en la historia cuando la crisis se agudizó.

El llamado ‘paro del campo’ es una movida de lo más concentrado de las multinacionales y la aristocracia terrateniente que concentran el 80% de las mejores tierras productivas del país y otro tanto del comercio exterior de granos y carnes, con una mutación creciente hacia el negocio de los biocombustibles – vía la soja - en contra de la producción de alimentos (negocio cautivo del comercio con EEUU que se lleva, también, el 80% de este nuevo recurso energético). No debe llamar a confusión el número de chacareros, pequeños o medianos productores ‘enganchados en la protesta’ que viabilizan un genuino reclamo (que los sectores populares debemos apoyar en otro contexto); tampoco la repercusión en las ciudades; fundamentalmente en Buenos Aires, con el cacerolazo ‘VIP’ de los sectores ‘fashión’, cuya conciencia se nutre con los programas de ‘Gran Hermano’, Tinelli o los más intelectuales con Susana Giménez, Grondona o Mirtha Legrand.

Pretendo llamar la atención sobre la confluencia de sectores e intereses que aportan combustible al ‘paro del campo’, donde podemos ver que se ‘relamen’ las huestes de Macri o de ‘la Carrió’ a quienes desespera la tendencia independentista en toda América Latina, que se expresa deformadamente en distintos gobiernos, como el de Evo en Bolivia, Chávez en Venezuela o Daniel Ortega en Nicaragua y el ‘visto bueno’ aunque con retaceos que le da el gobierno nacional, tendencia de la ‘rueda de la historia’ que la derecha, los latifundistas y las multinacionales quieren volver atrás.

El golpe que no pudo ser: porque los golpistas no pueden aparecer a la luz del día, tampoco los conspiradores de la CIA, ni pueden unirse públicamente los herederos de la ‘Unión Democrática’. La Federación Agraria, CONINAGRO, CRA, los pequeños y medianos productores se equivocan cuando hacen causa común con la Sociedad Rural y las multinacionales. Debieran virar urgente de política tendiendo un puente entre sus intereses y los funcionarios del gobierno nacional, aislando a los grandes terratenientes y multinacionales como Bunge, Monsanto, cargill, etc.; que no son sólo los grandes acaparadores de la rente de la tierra y los dividendos de las exportaciones, sino que tienen asegurada la ganancia, sea cuales fueren los precios internos o externos de los ‘commodities’ a negociar, con las compensaciones que le da la garantía estatal.

Esta elemental conciencia social – que reclamamos - no se encuentra entre los pequeños, medianos productores y mucho menos en la clase media urbana hundida hasta la médula en su estéril individualismo; tampoco les puede venir ‘desde afuera’ dada la miopía y oportunismo de sus aliados (Dos cosas decía Lenin: el oportunismo puede responder a honrados intereses, pero siempre termina favoreciendo a la reacción; otra, que lo más difícil para llevar adelante ‘el volante del gobierno’ lo constituía el individualismo pequeño burgués del comerciante y el pequeño productor). Aliados que como la CTA o Pino Solanas brindan un apoyo indiferenciado ‘al campo’ sin separar la ‘la paja del trigo’… Pero, hay que ‘separar la paja del trigo’ como hecho fundamental, porque una política combativa, popular, revolucionaria deberá ajustar cuentas con las limitaciones del nacional / populismo, no la derecha antinacional que nos quiere llevar para atrás.

Hay que desnudar la demagogia que se funda en un mito - querido por nuestro pueblo - acerca del espíritu de sacrificio de nuestros abuelos gringos; mito que hace aparecer al campo como el proveedor del habitante de la ciudad, cuando hoy es todo al revés: ¡la ciudad provee al campo!, son las manos de millones de obreros, empleados, técnicos, administrativos, etc. etc. quienes permiten que lleguen a todos los rincones de la vida nacional y por supuesto al campo el calzado, la vestimenta, los materiales de construcción, los fertilizantes, los envasados, las herramientas, las máquinas, las vacunas para los animales y humanas y todo ese mundo fantástico de las mercancías de las que ‘el campo’ poco y nada aporta ¿Cuál es el aporte del campo?: el principal lo constituyen los cereales y la carne; productos que gracias a la tecnología (venida de la ciudad) simplifica la mano de obra hasta hacer que en argentina prácticamente sea marginal la presencia campesina con relación a la magnitud de su estructura agraria. El ganado vacuno prácticamente se ‘cría solo’ en la campiña privilegiada de las tierras pampeanas y el recurso fundamental, como soporte para la cría, también, llega de la tecnología y los laboratorios que aporta la ciudad.

En Venezuela hay tanto petróleo como cereales, carne y leche en la argentina. Los venezolanos con diez centavos de dólar llenan el tanque de combustible (porque la petrolera y refinadora es estatal, como era YPF en la argentina); en la argentina un litro de leche vale más que un litro de nafta vendido por las multinacionales en nuestro país… Por vergüenza de la aristocracia terrateniente el PAN, LA LECHE Y LA CARNE debieran estar gratis en cada hogar; eso debe reclamar el gobierno nacional, para mostrar un mínimo de decoro que haga a la dignidad nacional.

Los sectores acomodados que representan el 80% de los que hoy cortan rutas (que son sectores acomodados lo prueba que han reaccionado contra retenciones a las exportaciones, sí, hay que hacerlo conciente, retenciones contra las exportaciones, no contra la venta en el mercado interno, sino a través del mercado externo que les triplica la ganancia: producen en pesos y venden en dólares) se niegan a depositar en la caja del estado ese 44% de productos vendidos en base a un dólar ‘relativamente alto’ sostenido por este mismo estado al que le niegan el aporte. El uso que hace el gobierno de los fondos es otro tema que deberemos enfrentar, pero es innegable que parte de los fondos del estado han crecido en la reactivación del mercado interno a través del empleo, salario, la obra pública y los servicios que es lo que ha permitido la reactivación económica de la cual es beneficiario, también, ‘el campo’.

Es falso que la reactivación se deba a la situación favorable de la economía internacional. La economía internacional está en bancarrota y lo que permite la reactivación de las economías emergentes es la recomposición de fuerzas de las masas trabajadoras que tanto en América Latina como en el sudeste asiático, la India o China determinan la ampliación del consumo en sus respectivos mercados internos (en Argentina el superávit fiscal esta determinado en un 57% a través de los impuestos directos al consumo – IVA - y en ganancias también aportan los trabajadores que ganan más de tres mil pesos).

Es necesario advertir el efecto dañino de la ‘crítica ingenua’, que pretende desviar la atención de las sumas multimillonarias que recauda ‘el campo’, inhabilitando al estado con la excusa de la centralización de los fondos o la corrupción de los funcionarios del estado; crítica funcional a los intereses económicos y políticos de la aristocracia golpista. Aunque moralmente sea odioso y repudiable: ¿qué significado tiene la corrupción al lado de los miles de millones de dólares que se embolsan las multinacionales, la aristocracia terrateniente y sus bancos?. Resulta inevitable traer al recuerdo la frase genial – como tantas que llevó a la celebridad - del dramaturgo alemán
[1]: “qué es el robo de un banco comparado con su fundación”.

Es vital para la economía nacional y los trabajadores derrotar ‘la movida’ de los sectores acomodados, de su espíritu abyecto e individualista que le hace el juego a las multinacionales y los terratenientes. Un triunfo contra la ley de retenciones sería un triunfo de la ‘patria agro exportadora’ y multinacional, de los golpistas de ayer y de siempre, que conspiran contra el salario obrero, contra el gasto del estado en salud, en educación. Un triunfo contra la ley de retenciones provocaría un encarecimiento en espiral del consumo interno, el disparo de una lucha sectorial despiadada por la subsistencia y el rédito entre diversos sectores de la vida nacional.

El discurso equivocado de la presidenta – que unió ‘lo diverso’ - no debe llevar a falsas interpretaciones. Porque el abroquelamiento de los ‘pequeños productores perjudicados’, con los instigadores del ‘paro agrario’, no transforma a la medida en una auténtica lucha popular sea del campo o de la ciudad. Existe una confluencia de intereses e ideológico entre el individualismo pequeño burgués del pequeño y mediano productor con ‘los grandes del campo’. El segundo aspecto es fogoneado hasta el paroxismo por los medios de prensa, que machacan cotidianamente contra el devaluado staff político acusándolo de todos los males, para ocultar la verdadera concentración de la riqueza en manos de la aristocracia terrateniente y ‘sus bancos’; es decir, de sus pares empresarios y en muchos casos socios. Hay que denunciar a la derecha reaccionaria y oportunista, a la aristocracia golpista y exigir al gobierno medidas ¡concretas y urgentes! a favor de los pequeños productores y de los trabajadores; que serán la base de sustentación de cualquier gobierno que no quiera romper definitivamente sus lazos con los sectores populares. La derecha y los sectores que concentran la riqueza no dejarán de instigar; éste es sólo el primer episodio y si salen fortalecidos vendrán por más…

¡¡Carne – leche y pan!!
¡gratis!
En cada hogar de la vida nacional. Demasiado al campo le da la ciudad

[1] Se hace referencia a Bertold Brecht. “es el tributo que el vicio rinde a la virtud”, diría BB: